24 de abril de 2018

SLOVENIA

Bled
Después de cuatro años como bloggera nunca había sentido la necesidad de evadirme de esta plataforma hasta ese dos de enero. No, no os voy a mentir, siento que las redes sociales no están funcionan como me gustaría. Y esto no es nuevo, cada vez más nos estamos vendiendo a las marcas, a los estereotipos, sin inspiración, sin originalidad y sin ganas de vernos. No soy la primera que no muestra la realidad de mi vida al 100% en mis redes sociales, nadie lo hace, pero de ahí a crear un imperio a base de una imagen reconstruida y sobrecargada creo que hay una buena diferencia. Es entonces cuando sale mi necesidad de preguntarme si nuestro perfil es un espejo ligeramente teñido con nuestra esencia, con lo que nos gustaría ser, o es un personaje de ciencia ficción que ronda nuestras cabezas. 

Nunca hice nada sin inspiración y sin ganas, y es por eso que un día decidí y necesité alejarme para reflexionar en todo esto, sobre cómo enfocar mi creatividad. Más que perder la inspiración diría que se trató de perder el rumbo, de dejar de ver una finalidad en aquello que hago. Y surge, llega esa necesidad de alejarse y ver todo con otros ojos, de tener otra perspectiva, de otra realidad. Ahora bien, si me preguntáis cómo me he evadido todo este tiempo no sabría muy bien que decir.

He viajado, he sentido, he reído y he llorado. Tan intensamente que me he planteado qué he hecho los otros 21 años de mi vida. He dejado el noventa y nueve por ciento del armario en España, me he llevado cuatro jerséis y dos botas a Eslovenia, un país que en mi vida pensé que viviría, si quiera por seis meses. He olvidado muchos días el maquillaje en un cajón, me he ido a correr, a subir montañas, explorar ríos y llegar hasta donde me dieran las piernas, literalmente.

Y sí, he dicho viajar. He explorado un trocito la costa Adriática en Trieste, probado la mejor pizza en Como y dado tumbos por las calles de Milán. He pateado Turín con el mejor guía local, recorrido Budapest subida en el Danubio, bajado las montañas de Suiza en trineo y también subido algunas hasta quedar sin aliento. He rayado un coche en Graz y viajado a Viena contando mi vida a una completa desconocida. 

Y sobre todo, sobre todas las cosas, Eslovenia, porque no podía tener otro título ni otras fotos para enseñaros con más nostalgia, recuerdos y asombro. Asombro de encontrar el paraíso de naturaleza en vida, de quedar sin respiración al ver Bled desde las alturas. De patear Maribor, mi hogar, de punta a punta hasta llegar a ser capaz de describir cada rincón con los ojos cerrados. De perderme entre los dragones de Ljubliana. De sentir la nieve en la piel, el frío antártico de la noche y congelarme, mucho, muchísimo. Un país tan desconocido como mágico. Y ahora que miro atrás me invaden cientos de recuerdos, de personas y de lugares que me hacen viajar, y me hacen preguntarme si esto no es evadirme, de verdad no sé lo que puede ser.





Nos vemos pronto con más novedades

Bled


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